DATOS HISTORICOS 1ª

Autor. Andrés. "Miembro del Equipo-Misterios en la Noche"
Datos obtenidos de la biblioteca publica de Herrera. Sevilla

La presencia humana dentro de lo que hoy es el termino de Herrera data de
muy antiguo. Existen en nuestros parajes restos que a través de los siglos
nos vienen transmitiendo el mensaje de sus pasadas grandezas.
Existe también la evidencia de hombres que pasaron y dejaron sus huellas;
con todo, hay en el acontecer histórico, de Herrera, épocas de una gran
oscuridad, sobre las cuales podrán prodigar algún destello los futuros
estudios y excavaciones que se lleven a cabo en nuestro término.
Anterior a la época romana la falta de restos hace que nuestro término se
cubra de una neblina en su historia, y sólo algunos pequeños restos y la
aportación que hagamos en estos escritos, puede desvelarnos algunas
incógnitas sobre este largo periodo de tiempo. Por ello, soy consciente de
los posibles errores que pueda cometer en lo referente a este capítulo y
que en un futuro se puedan detectar con nuevos estudios y excavaciones
que se lleven a cabo. No olvidemos que grandes historiadores antiguos y
modernos también han cometido errores que en su momento
no se tuvieron por tales.


  Video 1

  Video 2

 

Vista de Herrera. (Sevilla)

LA PROTOHISTORIA

La presencia y asentamiento del hombre primitivo en nuestros campos está
demostrada hasta el período del Calcolítico, aproximadamente
2500 a 2000 años a.C. Los restos que dejaron estas personas en nuestro suelo
son muy escasos, tratándose principalmente de pequeños puñales de cobre y
algunos restos de cerámica. La aparición también de algunos restos líticos nos
hace pensar que su antigüedad pueda llegar incluso hasta fases del Neolítico.
Entre el año 1000 y el 800 a.C. aproximadamente, período denominado
Bronce final, los restos existentes en nuestro término se limitan principalmente
a algunos puñales, puntas de flechas del tipo "palmela", torques, raspadores y
algunos restos de cerámica de esa época. Estos poblados, parece ser que
estaban formados por pequeñas tribus, entre 20 y 40 individuos, conocedores
de la metalurgia, asentándose en zonas próximas donde existían indígenas
autóctonos, con los cuales comerciaban sus productos. Sus pequeños poblados
consistían en pequeñas chozas de ramas, por lo que han dejado
escasas huellas de sus habitáculos.

En nuestro término hay indicios de la presencia del hombre de este período, en
el cerro de Alhonoz, junto a los cortijos de las Carrizosas, laderas del río,
el villar del Pozo Antonio y la zona de Poyo Blanco, siendo en este último lugar,
el único sitio de nuestro término donde se puede apreciar restos de sus
habitáculos, en un talud de la carretera de Écija, donde ha quedado al
descubierto un corte en el terreno, en el que se aprecian, claramente, fondos
de cabañas incendiadas con restos de cerámica argárica, así como lo que
parece ser un silo con forma de embudo invertido. En este período del
Bronce final, existían al mismo tiempo dos grandes focos culturales en Andalucía:
el Argar en el ángulo SE de Andalucía y la cultura de los enterramientos en cistas
en el extremo Suroccidental. Hasta ahora era desconocida la presencia de la
cultura del Argar en zonas del Genil medio; sin embargo, hoy podemos afirmar
que esta cultura se extendió a lo largo del Genil llegando al menos hasta nuestro
término. La aparición de varios puñales argáricos, y la presencia de cerámicas
de esta cultura en una zona determinada de los Castellares, así como dentro de
nuestro término, en la zona de Poyo Blanco y Pozo Antonio, lo atestiguan.

TARTESSOS: LEYENDA, HISTORIA Y MISTERIO

Tras la desaparición del período del Bronce final, aproximadamente año 800 a.C.,
hasta el siglo V a.C., en que tiene lugar la aparición del mundo ibérico, existe en
la historia de España casi una absoluta oscuridad, conociéndose a grandes rasgos
que estuvo ocupado este período por la cultura tartesa; por tanto, quizás sea
este el período más apasionante para el estudio y aclaración de estos siglos de la
historia de España. Tartessos es un enigma de los más sugestivos; así, se ha
relacionado con el de la Atlántida y con otros mitos y leyendas similares.
Su situación se ha colocado tan pronto en España como en Túnez; identificándose
unas veces con Cádiz, otras con Sevilla, otras con las antiguas Dertosa (Tortosa),
Carteia (cerca de Algeciras). Asta Regia (cerca de Jerez), o situándola en un punto
cualquiera de las desembocaduras del Guadalquivir, del Tinto, del Guadalete
o del Ebro. Sobre Tartessos se ha escrito una gran cantidad de asombrosas páginas
unas juiciosas; otras audaces, y otras hasta descabelladas. Lo único que todavía
queda en pie con toda certeza es su misteriosa existencia.

  

Castillo. "Alhonoz"

Por medio de las fuentes antiguas nos han llegado un caudal de noticias que no
podemos calificar de escaso si tenemos en cuenta que se trata de un misterio y
que este misterio existía como tal en la misma antigüedad donde ya se discutía,
como hoy, de cosa tan importante como es la precisa situación de la famosa
ciudad de Tartessos, que es en realidad el principal problema de este asunto.
La primera vez que en la antigüedad se menciona es en el siglo VIII antes de J.C,
en la mención bíblica contenida en Isaías, quien no hace otra cosa sino citar, de
pasada, ciertos navíos que llama procedentes de Tarschisch. En otros textos,
pertenecientes igualmente al Antiguo Testamento, pero redactados en época
posterior a Isaías, este nombre de Tarschisch se presenta también con frecuencia
como designando un país lejano de Occidente, rico en oro, plata y plomo, al que se
iba en viajes periódicos una vez cada tres años.

Tras las menciones bíblicas vienen, en orden de fechas, las griegas, en que
Tartessos se halla al sur de la península Ibérica, siendo muy numerosos los textos
anónimos anteriores al año 400 antes de J.C que nos describen el reino de Tartessos.
Según uno de estos textos anónimos nos dice: « Tartessos es una ilustre ciudad de
Iberia, que recibe su nombre del río Batis, llamado antes también Tartessos. Este río
procede de la región céltica y nace en las Montañas de la Plata. Arrastra en su
corriente, además de plata y estaño, oro y cobre en mayor abundancia.
El río Tartessos se divide en dos brazos al llegar a su desembocadura.
Tartessos, la ciudad, se levanta en medio de ambos brazos como sobre una isla,
cerca de Tartessos hay un lago llamado Aorno, y una ciudad ligur de nombre
Ligustína, sita en la parte occidental de Iberia». Otro texto griego, igualmente
anónimo, fechado en el siglo VI antes de J.C., es el contenido en el poema
geográfico de Avienus, titulado Ora Marítima, cuyo texto nos dice:
Tartessos está en una isla del golfo de su nombre, en la cual desemboca
el rio Tartessos, que baña sus murallas después de pasar por el lago Ligustíno.
El río forma en su desembocadura varias bocas, de las cuales tres corren al
Oriente y cuatro al Mediodía, las cuales bañan a la ciudad. Arrastra en sus aguas
partículas de pesado estaño y lleva rico metal a la ciudad de Tartessos.

Cerca se hallan el monte de los Tartessios, lleno de bosques, y el Monte Argentario,
sito junto a la laguna Ligustína, en cuyas laderas brilla el estaño.
La ciudad de Tartessos está unida por un camino de cuatro días con la region del
Tajo, y por otro de cinco, con Maínake, donde los ricos Tartessios poseen una isla
consagrada por sus habitantes a Noctícula. El límite oriental del dominio de los
tartessios estuvo en tiempos en la región de Murcia, y el occidental en la de Huelva.
Herrera tiene la suerte de que figura en la historia de España como uno de los
lugares privilegiados en los que han aparecido utensilios de este período.
Se trata principalmente de varias espadas del tipo "lengua de carpa", puntas de
lanza, torques y rascadores de bronce semejantes a los aparecidos en la ría
de Huelva. Estos utensilios parece ser que eran comerciados, remontando el
río Genil, con las tribus autóctonas de poblados como Alhonoz y los Castellares.
De entre estos materiales aparecidos destacan una espada y dos puntas de
lanza, todas ellas en bronce, cuya descripción es la siguiente:

 

Castillo. "Alhonoz"

La espada tiene el empalme calado y seguramente tendría tres clavos en la
lengüeta, aunque sólo existe uno, el arranque de otro y un tercero
desaparecido. El nervio central es de forma semicircular. Las dimensiones de
la hoja son 37 cm sin la empuñadura, la cual mide 7 cm, siendo el largo total
de 44 cm. La anchura máxima de la hoja es de 4 cm y la mínima de 3 cm.
La empuñadura mide en su zona más ancha 5,50 cm y 2 cm de mínima.
Tipológicamente se puede relacionar con las pertenecientes al segundo grupo
de la clasificación que hace M. Almagro para el depósito de la ría de Huelva.
La fecha de la espada del tipo "lengua de carpa" o "ría de Huelva" podemos
datarla del siglo VII a.C., aunque algunos autores la remontan al siglo VIII a.C.
Una de las puntas de lanza mide 12,5,cm de largo y 3 cm de anchura máxima.
Tiene un enmangue de cubo con dos perforaciones laterales para su incrustación
en un astil de madera. La espina central o nervio llega hasta el extremo de la
punta, con objeto de reforzar la hoja. La segunda punta de lanza es de iguales
características que la anterior, diferenciándose sólo en su tamaño, que es
de 18 cm. de largo por 2,5 cm en su parte más ancha. La cronología de ambas
puntas de lanza es la misma que para la espada. Resumiendo, tenemos que el
hallazgo de esta espada y puntas de lanza en un afluente del Guadalquivir
demuestra el comercio del mundo europeo en la fase del Bronce final.
También, existe la posibilidad de que estos hallazgos, en las aguas del Genil,
además de que puedan haber sido debidos al hundimiento de una embarcación,
pudieran deberse a la existencia de un santuario de aquella época y que los
referidos objetos pudieran haber sido arrojados en dicho lugar.
Por tanto, damos como válidas estas dos hipótesis, hasta que algún día
podamos desvelar este misterio.

ÉPOCA IBÉRICA

Entre Tartessos y la Hispania romana se encuentra enmarcado lo puramente ibérico.
La cultura ibérica nace a partir de Tartessos como consecuencia de la asimilación y
mezclas de otras culturas; principalmente del Mediterráneo oriental que, en el caso
de Andalucía, se deben a los Fenicios, Griegos, Chipre y otras colonias del mar Egeo
y y norte de África, sin que se puedan excluir ciertas particularidades locales que
dieron lugar a la formación del arte ibérico y sin que podamos precisar
cronológicamente dónde termina lo tartessio y dónde comienza lo puramente ibérico.
En el término de Herrera, son varios los puntos donde podemos encontrar en
superficie restos de cerámicas ibéricas y un abundante número de monedas
clasificadas como ibéricas, sin que por ello podamos catalogar estos enclaves como
ibéricos; ya que, se encuentran sobre fases romanizantes y por lo tanto su clasificación
se encuentra enmarcada en lo iberoromano y sólo unas excavaciones llevadas a cabo en
estos enclaves nos podrían desvelar la presencia, en ellos, de lo puramente ibérico.
En el término de Herrera hay indicios de poder encontrar restos de esta cultura ibérica,
en el villar del Pozo Antonio, las Carrizosas, cerro Olivares, las Palominas, cerro Blanco,
cercanías del Álamo y la zona que conocemos en Herrera como las laderas del río, entre
el arroyo Blanco y el arroyo Hondo. A la llegada de los Fenicios a España, que algunos
autores lo datan hacia el siglo XV antes de J.C.

Andalucía la ocupaban tres pueblos o tres clases de gentes principales, a quienes llamaban
Turdetanos, Túrdulos y Bástulos. Estos últimos habitaban en las costas del Mediterráneo,
desde el estrecho de Gibraltar hasta la provincia de Almería y fueron los primeros con
quienes se mezclaron los Fenicios que se establecieron en la isla de la actual Cádiz, y se
fueron extendiendo por la costa, de lo que se originó que los habitantes de esta zona se
llamaran Bástulo-Fenicios. Los Turdetanos ocupaban la costa del Océano hasta Portugal, y
tierra adentro por los confines de Extremadura hasta la región de Osintia, que es algo más
arriba de Andújar y de allí corrían sus términos por Córdoba, Écija, Osuna y Lebrija hasta
llegar al estrecho, quedando los habitantes de aquella época de nuestro término dentro de
la zona Turdetana. Los Túrdulos residían entre los Turdetanos y los Bástulos, desde el
mismo punto del Estrecho, ensanchándose su terreno sucesivamente hasta confinar con
los Turdetanos en la región de Osintias, y con los Bástulos en el terreno
que hay entre Guadix y Almería

Casariche. (Sevilla)

En un mapa de la España antigua que llevó a cabo el geógrafo don Juan López
en el año 1786, correspondía la situación de Herrera y los pobladores de nuestro
término dentro de la región de los Túrdulos, corriendo la línea divisoria con los
Turdetanos entre Osuna y Estepa y dirigiéndose hacia Alhonoz. Las características
de los yacimientos ibéricos de Alhonoz y toda la zona de Estepa nos hacen,
sin embargo, incluirlos en la región de los Turdetanos. Cercanos a Herrera, existen
dos grandes enclaves pertenecientes a lo que hemos clasificado como puramente
ibérico. Se trata del yacimiento del cerro del castillo de Alhonoz y las ruinas
existentes en los Castellares.

Por el momento haremos un alto en el camino
Pero el viaje continua...