AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS
JUEGOS DE LA INFANCIA

Aquellos maravillosos años cuando uno era un chaval no había
los videos juegos que hay hoy en día ni móviles ni video consolas
ni tanta tecnología como hay hoy en día pero uno se divertía y lo
pasaba genial con los juegos de antes.
La Chita. -El Diábolo. -La Gallinita Ciega. -El Elástico.
La Comba. y muchos mas nos divertíamos y lo pasábamos bomba.

EL JUEGO DE LA CHITA.

 

Hablamos de un juego muy practicado por las chicas desde una
edad bastante temprana. En la actualidad ha desaparecido.
Queda cierta mención y algún intento esporádico por revivirlo,
como el resto de los juegos desaparecidos, haciendo una apuesta
por recuperar el ocio y divertimento de los juegos de antaño.
Se trataba de un juego en el que podían participar cuantas niñas
quisieran, pero competían de manera individual. Era uno de los
juegos durante el tiempo de recreo escolar. Para empezar había
que dibujar en el suelo un rectángulo con compartimentos iguales
(en algunos lugares eran siete, los días de la semana).
Para poder jugar a la chita era preciso un simple trozo de piedra
o loza que se había moldeado de forma lisa y plana.

Una vez hecho el sorteo, para iniciar el juego la primera que sale
seguirá unas normas. Primero lanzará la piedra al primer cuadrado
y desde aquí irá a la pata coja rastreando con el pie la piedra sin
que éste se salga del recuadro al que debe de ir, no quedar en la
línea divisoria, en la raya, ni tampoco pisarla. Si ello ocurría perdía
el turno y volvía a comenzar cuando le tocase desde el rectángulo
donde había empezado. La piedra lanzada por la jugadora desde la
raya de inicio al cuadrado que le fuera tocando en cada caso,
siempre y cuando hubiese completado una partida entera sin
cometer ningún error. De lo que se trataba era de llevar la piedra
al cuadro final y volverlo a traer de vuelta al inicio sin salirse
del recuadro correspondiente.

Cuando se terminaba un recorrido de ida y vuelta se continuaba
con el siguiente recuadro y así hasta completar todo el recorrido,
comenzando cada una desde un cuadro distinto y correlativo.
Al completar todo el recorrido se adjudicaba uno de los recuadros
que estaban libres. En el cuadro que pasaba a ser de su propiedad,
la jugadora que lo había conseguido tenía la posibilidad de descansar
en él en futuros recorridos y las demás jugadoras tenían que saltárselo
y no podían caer en el citado cuadro la piedra del resto de las
participantes, de ser así perderían el turno. La ganadora era aquella
que mayor número de cuadros conseguía.